APELLIDOS…: ORGULLO O VERGÜENZA
La ciudad del Cusco, a la que la mayoría de cusqueños, por no decir todos los cusqueños, y peruanos en general, calificamos de bella, excelsa, espectacular, y hay quienes dicen que no existen palabras para calificar tan admirable cuidad, pues bien todas la construcciones arquitectónicas asentadas en nuestra ciudad, los restos hallados, de orfebrería, metalurgia, cerámicos; fueron pues hechos, por los Incas; era la sociedad de los Incas una de las más grandes realizaciones de América, esos “grandiosos hombres” hicieron con la piedra cuanto quisieron, como también del bronce, los caminos que construyeron superaron a los de Europa de su tiempo, las ciencias ya estaban desarrollándose, las artes progresaban, y todo esto sin moneda, sin hierro…
Asombra al mundo Machu Piqchu, Saqsaywaman, y otras, edificaciones inigualables; sabemos que el Tawantinsuyu había iniciado su formación a fines del siglo XII y durante el año de 1532 expandía sus fronteras, los esperaba en el siglo XVI el rayo mortífero de la pólvora, impetuosas cargas de caballería, el filosos acero, sangre, dolor, y más sangre.
Bien, si mis lectores y yo tenemos ese juicio sobre esa sociedad antecesora nuestra; me hago una interrogante, y de seguro ustedes también se la habrán hecho: “¿por qué hacemos una exclusión a personas que llevan apellidos con descendencia incaica?, me refiero a los apellidos, como: Huamán, Quispe, Condori, Ccahuana, y otros muchos; aunque los mencionados anteriormente ya sufrieron alteraciones; se presume pues de que los apellidos son como un sello que afirma que de alguna u otra manera que se lleva la sangre de nuestros ascendientes (padres, abuelos, bisabuelos, …); conceptualizando el apellido se define como nombre de las familias que distingue a las personas; entonces si esas persona llevan la sangre de nuestros antecesores, aunque sea una cantidad nimia, pero la llevan, ¿por qué hacemos una distinción? Es más, hay veces en que nos sentimos mejor cuando oímos un apellido extranjero, uno como: La Torre, Castillo, Castro, etc. y nos juzgamos mejor cuando lo llevamos nosotros, aun hay rezagos de esas actitudes que inconscientemente nos la sembraron.
Esa distinción se ve en todas partes, en la educación, en desempeños de trabajos, bueno sabemos donde se aprecian maneras como esa. ¿Pero por qué esas actitudes?; una de las respuestas prudentes es que; cuando llegaron los hispanos, la primera impresión que causó en los andinos fue la de su dios Wiraqocha, - obviamente un dios supera en una u otra forma al ente humano- eso fue en una inicial impresión; así mismo el español se creyó superior al indígena y se benefició de esa situación y no sólo por eso sino que vio en ese gran imperio oro y plata por doquier, y como dijo Maquiavelo: “el oro es el nervio de la guerra” ; el centellante oro peruano atraía masas de peninsulares hambrientos; olvidaron todo: sus principios religiosos, la amistad que se juraron ante hostias consagradas, todo era valedero, el fin justificaba los medios, los españoles hicieron cuanto quisieron. Pues pasando el tiempo, el hispano, tuvo condiciones y calidad de vida mejores que el de los hombres andinos, pues sembraron en éste un complejo de inferioridad que se fue transmitiendo de una a otra generación, aunque subconscientemente; y pues éstos para lograr esas condiciones y niveles de vida se cambiaban el apellido (bien del todo o solo modificaban el suyo), por ejemplo: T`ika, que significa flor, por el de Flores; el de Kuntur, que significa cóndor, por el de Condori; obviamente para señalar que descendían de una familia hispana y que en efecto llevaban su sangre y así ser apreciados como un español y tener un trato como uno de éstos.
En nuestra sociedad actual, en el Perú, aún se sigue percibiendo esas actitudes, desde los llamados “padres de la Patria”, hasta nosotros; empero nosotros está trocar esas actitudes y más bien revalorar lo que perdimos, o me dirán que esos españoles superaron a los Inkas, eso es mentira, españoles codiciosos y ávidos de poder que despojaron tesoros mas preciosos que los de Tutankamon, es inverosímil que Francisco Pizarro un sucio iletrado haya dirigido la conquista al más grande imperio que pudo haber existido, los hispanos convertidos en señores neo-feudales, revivieron algo de la edad medieval en los valles interandinos del Perú y así nosotros aún creemos que una persona del viejo continente supera a un hombre andino, y no es así, pues son varias las generaciones que arrastran esas actitudes, esas reacciones, pero basta ya!!, nosotros que llevamos sangre de esos “grandiosos hombres”, no tenemos por que seguir sumisos, mansos, ni ante un español, ni ante un yanqui, ni ante un europeo, ni ante nadie; manifestemos que somos mejores de lo que ellos piensan; no existe una raza superior, mucho menos una inferior, todos pertenecemos a la raza humana.
Bueno esta es una opinión, un sentir, una ponencia; y sé que ustedes mis lectores se habrán dado cuenta de este fenómeno, que sin duda amarga.
Eliana B. Olave Valencia
zarasialamaga@hotmail.com
